Cristina Ruiz

 
 

Cuando la pintura expresa el interior del ser habla sin pretenderlo del cosmos,

el átomo, la materia y el vacío.


Los pueblos antiguos lo entendieron así, encontrando en lo que les rodeaba

el símbolo de lo que no podían abarcar.


El agua que les limpiaba les recordaba fluir, su sonido calmante el mensaje oculto. La misma emoción que puede ahogarnos, reconocida y observada, hará germinar las semillas que preñan la tierra, que nos habla de herencia y compromiso, mientras el aire nos mece, invita a volar y alimenta el fuego que reconforta, transforma y nos recuerda otros fenómenos que, aunque no vemos palpitan en el centro de la llama como una promesa que hoy, nos habla de equilibrio y gratitud.

El cuento de los elementos